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Mora

✨ La pequeña joya salvaje

La mora es el fruto comestible de varias especies e híbridos del género Rubus, de la familia de las rosáceas. A pesar de su nombre, no es una baya en sentido botánico. Lo que parece un solo fruto es un conjunto de unidades llamadas drupéolas, cada una formada a partir de una parte de la flor. Al madurar, las moras pasan del verde al rojo y después a un violeta muy oscuro o casi negro, según la variedad.

La planta es perenne y sus tallos siguen un ciclo de dos años: primero crecen los brotes jóvenes y después los tallos maduros producen flores y frutos antes de ser sustituidos. Los tallos pueden ser erguidos, arqueados o rastreros. Las moras silvestres se propagan por semillas y por reproducción vegetativa.

Las moras se comen frescas o se utilizan para preparar postres, mermeladas, salsas y bebidas. Aportan fibra, vitamina C, vitamina K y manganeso, en cantidades que varían según la variedad. Su color oscuro procede sobre todo de las antocianinas, pigmentos vegetales de la familia de los flavonoides.

Estos compuestos contribuyen a la actividad antioxidante de la fruta, pero la mora no debe considerarse un tratamiento contra ninguna enfermedad. Las drupéolas contienen semillas comestibles que aportan textura. Como son frágiles cuando están maduras, conviene manipularlas con cuidado y conservarlas en frío tras la cosecha. Su sabor dulce y ácido y su pulpa jugosa son característicos.