Apio
✨ Los palitos largos, crujientes y aromáticos
El apio es una planta cultivada de la familia de las apiáceas, a la que también pertenecen la zanahoria, el perejil y el hinojo. Su nombre científico es Apium graveolens. Suele ser una planta bienal, aunque normalmente se cosecha antes de que florezca. Existen varias formas cultivadas: el apio de pencas, apreciado por sus tallos crujientes; el apionabo, que desarrolla una base subterránea engrosada; y el apio de hoja, cultivado principalmente por sus hojas y semillas.
El apio de pencas tiene tallos verdes, carnosos y a menudo huecos, unidos en la base, con hojas en el extremo superior. La especie es originaria de zonas de Europa, Asia y el norte de África, y se utiliza desde hace siglos. Actualmente se cultiva en numerosas regiones de clima templado. Los tallos y las hojas pueden consumirse crudos o cocinados y se utilizan en ensaladas, sopas, salsas, guisos y caldos.
Los tallos contienen mucha agua, son crujientes y tienen un sabor fresco, vegetal y ligeramente amargo. El apio aporta fibra, vitamina K, folatos, potasio y pequeñas cantidades de otras vitaminas y minerales. También contiene diversos compuestos vegetales, entre ellos flavonoides y sustancias aromáticas responsables de buena parte de su olor y sabor característicos.
Las semillas se utilizan como especia y están más concentradas que los tallos frescos. El apio puede provocar reacciones alérgicas en algunas personas, y la alergia al apio tiene especial importancia en determinadas regiones de Europa. La cocción ablanda los tallos y modifica su sabor, mientras que al cortarlos se liberan parte de sus compuestos aromáticos.