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Brújula

✨ c. Siglo 2 a.C., Antigua China

La brújula es un instrumento de navegación que utiliza el campo magnético de la Tierra para indicar las direcciones. Sus primeras formas conocidas aparecieron en China, donde se empleaban agujas magnetizadas al menos desde el siglo XI, y posiblemente desde antes. Los primeros dispositivos magnéticos chinos estuvieron relacionados, entre otras cosas, con prácticas de adivinación, antes de que la brújula adquiriera importancia como ayuda para la navegación.

Una brújula magnética sencilla contiene una aguja imantada que puede girar libremente. El campo magnético terrestre hace que la aguja se oriente aproximadamente en dirección norte-sur, lo que permite identificar el norte magnético y las demás direcciones. El norte magnético no coincide exactamente con el norte geográfico, y la diferencia depende del lugar y cambia con el tiempo. Por ello, una brújula indica una dirección, pero por sí sola no determina una posición exacta.

La brújula magnética se extendió gradualmente fuera de China y se convirtió en una herramienta importante para la navegación en Asia, Oriente Medio y Europa. En el mar, permitía mantener un rumbo general cuando las costas estaban lejos o el cielo estaba cubierto. Durante la Edad Media y los primeros tiempos de la época moderna, las mejoras en su diseño hicieron que la navegación fuera más fiable y facilitaron los viajes marítimos de larga distancia. También se utilizó para orientarse en tierra, realizar mediciones y elaborar mapas.

Sin embargo, la brújula no bastaba por sí sola para navegar con precisión: marineros y exploradores también utilizaban cartas, observaciones astronómicas, referencias del paisaje y conocimientos sobre los vientos y las corrientes. Los sistemas modernos de posicionamiento por satélite ofrecen una precisión mucho mayor, pero la brújula sigue siendo útil porque funciona sin baterías ni señales electrónicas. Todavía forma parte del equipo de barcos, algunas aeronaves, material de orientación y kits de emergencia.