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Pepino

✨ El palito de agua súper crujiente

El pepino es el fruto comestible de una planta trepadora de la familia de las cucurbitáceas, a la que también pertenecen el melón, la calabaza y el calabacín. Su nombre científico es Cucumis sativus. Aunque en la cocina se considera habitualmente una hortaliza, desde el punto de vista botánico es un fruto, porque se desarrolla a partir del ovario de la flor y contiene semillas. La planta produce tallos largos que pueden crecer por el suelo o trepar, además de hojas grandes y flores masculinas y femeninas separadas.

El fruto suele ser alargado y verde, con una pulpa crujiente y muy rica en agua. Según la variedad, la piel puede ser lisa o presentar pequeñas protuberancias, y también existen pepinos amarillos, verde pálido o casi blancos. El pepino fue domesticado en el sur de Asia y se cultiva desde hace miles de años. Actualmente se produce en muchas regiones cálidas y templadas, tanto al aire libre como en invernaderos.

Se consume sobre todo crudo, en ensaladas, bocadillos y platos fríos, aunque también puede cocinarse, encurtirse o fermentarse. Su elevado contenido de agua explica en parte su textura fresca y crujiente, mientras que su sabor suele ser suave. El pepino aporta pequeñas cantidades de vitamina K, vitamina C, folatos, potasio y fibra, y una parte importante de esta última se encuentra en la piel. Las semillas también son comestibles y aportan nutrientes.

Algunas variedades contienen cucurbitacinas, compuestos naturales que pueden producir un sabor amargo; los pepinos cultivados para el consumo suelen seleccionarse para que presenten niveles bajos de estas sustancias. Los pepinos destinados a encurtidos se cosechan normalmente cuando son pequeños, mientras que las variedades para consumo fresco se dejan crecer más. Una conservación demasiado fría puede provocar daños por frío y hacer que la pulpa pierda firmeza.