Sequía
✨ Cuando la tierra tiene mucha sed
Una sequía es un periodo prolongado durante el cual una región recibe muchas menos precipitaciones de lo habitual. Se desarrolla de forma gradual a lo largo de semanas, meses o incluso años, reduciendo la cantidad de agua disponible en ríos, lagos, embalses y acuíferos subterráneos. Las sequías pueden deberse a sistemas persistentes de alta presión, cambios en la circulación atmosférica o fenómenos climáticos naturales como El Niño.
Las temperaturas elevadas y la intensa evaporación suelen agravar la situación al secar el suelo con mayor rapidez. Los científicos distinguen varios tipos de sequía, como la meteorológica, la agrícola y la hidrológica, según afecte principalmente a las precipitaciones, la humedad del suelo o los recursos hídricos. Las sequías pueden tener importantes consecuencias para la población, los ecosistemas y la economía.
La falta de agua reduce las cosechas y dificulta la ganadería, mientras que los bosques se vuelven más vulnerables a los incendios. La disminución del caudal de los ríos también puede limitar la producción de energía hidroeléctrica y afectar al suministro de agua potable, la industria y la navegación. Además, muchos hábitats naturales se degradan cuando humedales y lagunas se secan.
Para disminuir sus efectos, numerosas regiones mejoran la gestión del agua mediante embalses, sistemas de riego más eficientes, reutilización de aguas residuales y medidas de ahorro. Los meteorólogos vigilan las lluvias, la humedad del suelo y el nivel de los ríos para detectar las sequías con antelación.