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Batería eléctrica

✨ 1800, Alessandro Volta

La historia de la batería eléctrica comenzó con las investigaciones sobre la electricidad a finales del siglo XVIII. En la década de 1780, el científico italiano Luigi Galvani observó que los músculos de las ranas podían contraerse bajo ciertos efectos eléctricos. Galvani pensó que estaba ante una forma de «electricidad animal». Alessandro Volta interpretó aquellos experimentos de otra manera y sostuvo que la electricidad estaba relacionada, entre otros factores, con el contacto entre distintos metales.

En 1800 presentó la pila voltaica, el primer dispositivo capaz de producir una corriente eléctrica continua durante un periodo prolongado. Estaba formada por discos alternos de metales, como zinc y cobre, separados por materiales impregnados de un electrolito. La pila permitió realizar experimentos eléctricos de forma mucho más constante y favoreció el desarrollo de la investigación sobre la electricidad. El término «batería» ya se utilizaba para referirse a conjuntos de celdas eléctricas, mientras que el invento de Volta estableció un principio fundamental para muchas tecnologías posteriores.

Una batería transforma energía química en energía eléctrica mediante reacciones químicas que tienen lugar en sus celdas. Durante el siglo XIX aparecieron diseños cada vez más prácticos. En 1859, el ingeniero francés Gaston Planté desarrolló la primera batería recargable de plomo-ácido, un avance importante para poder almacenar electricidad y utilizarla de nuevo. Más adelante surgieron otras tecnologías, como las pilas alcalinas, las baterías recargables de níquel y, a finales del siglo XX, las baterías de ion de litio.

Actualmente se emplean para numerosas funciones: desde alimentar pequeños dispositivos electrónicos hasta impulsar vehículos y almacenar electricidad para redes energéticas. Una batería no produce energía de la nada. Las reacciones químicas que ocurren en su interior permiten que los electrones circulen por un circuito externo y generen corriente eléctrica. En las baterías recargables, una fuente eléctrica externa puede invertir gran parte de esas reacciones, lo que permite utilizarlas repetidamente. Su capacidad, voltaje, duración y rendimiento dependen de los materiales y del diseño empleado.