Inundaciones
✨ El agua que se sale de su sitio
Una inundación ocurre cuando el agua cubre zonas que normalmente permanecen secas. Puede producirse por lluvias intensas, un deshielo rápido, el desbordamiento de ríos y lagos, las marejadas ciclónicas en las costas o la rotura de presas y diques. Algunas inundaciones se desarrollan lentamente durante varios días, mientras que otras, conocidas como inundaciones repentinas, pueden formarse en cuestión de minutos u horas tras precipitaciones muy intensas.
Su gravedad depende de factores como la cantidad de agua, el relieve, las características del suelo y la capacidad de los ríos o de los sistemas de drenaje para evacuar el exceso de agua. Las ciudades suelen ser más vulnerables porque las superficies pavimentadas dificultan que el agua se infiltre en el terreno.
Las inundaciones forman parte del ciclo natural del agua y, en ocasiones, benefician a los ecosistemas al depositar sedimentos ricos en nutrientes sobre las llanuras de inundación. Sin embargo, las crecidas importantes pueden dañar viviendas, carreteras, puentes y cultivos, interrumpir el transporte y contaminar las fuentes de agua potable.
También pueden aumentar el riesgo de deslizamientos de tierra y de enfermedades relacionadas con el agua en algunas regiones. Los científicos utilizan previsiones meteorológicas, mediciones de lluvia, estaciones de aforo y observaciones por satélite para vigilar el riesgo de inundaciones y emitir alertas. Las infraestructuras de protección, la recuperación de humedales, una buena planificación del territorio y la preparación de la población ayudan a reducir sus efectos.