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Guerra de los Cien Años

✨ 1337–1453, Francia e Inglaterra

La guerra de los Cien Años fue una larga serie de conflictos entre Inglaterra y Francia, desarrollada principalmente entre 1337 y 1453. Sus causas estuvieron relacionadas con las disputas por la sucesión al trono francés y con los territorios que los reyes ingleses poseían en Francia. En 1328 murió el rey francés Carlos IV sin dejar un hijo varón superviviente. Eduardo III de Inglaterra, nieto de Felipe IV por línea materna, reclamó entonces la corona francesa.

La nobleza francesa apoyó, en cambio, a Felipe VI de Valois. Las tensiones desembocaron en una guerra abierta en 1337. Los ingleses obtuvieron importantes victorias, como las de Crécy en 1346 y Agincourt en 1415, gracias en parte al uso eficaz de sus arqueros y de una infantería bien organizada. Francia sufrió graves pérdidas, pero el conflicto tuvo varias interrupciones debido a treguas, cambios políticos y a los efectos devastadores de la peste negra.

Durante el siglo XV, el equilibrio de fuerzas cambió progresivamente a favor de Francia. El rey Carlos VII reorganizó sus fuerzas y reforzó la autoridad de la monarquía, mientras que nuevas tácticas militares y el uso creciente de la artillería mejoraron las capacidades francesas. Juana de Arco se convirtió en una figura importante de la causa francesa después de contribuir al levantamiento del sitio de Orleans en 1429 y apoyar la coronación de Carlos VII en Reims.

Fue capturada y ejecutada en 1431, pero las ofensivas francesas continuaron. Hacia mediados de la década de 1450, Inglaterra había perdido casi todos sus territorios en Francia, salvo Calais. La guerra terminó sin un único tratado de paz que resolviera todo el conflicto. Sus consecuencias reforzaron la monarquía francesa, redujeron la presencia inglesa en el continente y favorecieron la formación de Estados más centralizados y la transformación de las técnicas militares.