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Bombilla

✨ 1879, Thomas Edison

La bombilla eléctrica no fue inventada por una sola persona. Durante el siglo XIX, numerosos inventores intentaron producir luz calentando un material hasta llevarlo a la incandescencia. Los primeros modelos tenían una duración limitada porque el material caliente se consumía rápidamente al entrar en contacto con el oxígeno. Un avance decisivo fue combinar una envoltura de vidrio cerrada con un filamento capaz de soportar temperaturas muy elevadas.

En la década de 1870, Joseph Swan, en el Reino Unido, y Thomas Edison, en Estados Unidos, desarrollaron de manera independiente lámparas incandescentes prácticas. Edison no inventó por sí solo la iluminación eléctrica, pero contribuyó a crear un sistema comercial que incluía lámparas duraderas, cables, generadores e interruptores. Swan también consiguió desarrollar una lámpara eficaz y posteriormente colaboró con Edison en el Reino Unido.

Una bombilla incandescente produce luz cuando una corriente eléctrica atraviesa un filamento muy fino, fabricado tradicionalmente con tungsteno. El filamento alcanza una temperatura extremadamente alta y emite luz. El interior de la bombilla contiene vacío o un gas inerte para reducir la oxidación del filamento. Durante gran parte del siglo XX, las bombillas incandescentes se hicieron habituales en viviendas, calles y lugares de trabajo por su sencillez y su coste relativamente bajo.

Sin embargo, son poco eficientes: solo una pequeña parte de la energía eléctrica se convierte en luz visible, mientras que gran parte se transforma en calor. Esta limitación impulsó el desarrollo de tecnologías más eficientes, como las lámparas fluorescentes y, posteriormente, los diodos emisores de luz, conocidos como LED. Estos dispositivos utilizan materiales semiconductores y, por lo general, necesitan mucha menos electricidad para proporcionar una iluminación similar. La historia de la bombilla muestra, por tanto, un largo proceso de experimentación y mejora de las tecnologías de iluminación eléctrica.