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Cadena de Montañas

✨ El ejército de pilares gigantes que tocan el cielo

Una cordillera es un conjunto de montañas relacionadas entre sí y situadas en una misma región. Puede extenderse a lo largo de cientos o incluso miles de kilómetros e incluir cumbres, valles, crestas y mesetas. Muchas de las grandes cordilleras se formaron por el movimiento de las placas tectónicas. Cuando dos placas convergen, las fuerzas que actúan sobre la corteza terrestre pueden comprimir, plegar y elevar las rocas, creando relieves cada vez más altos.

Algunas cordilleras también están relacionadas con la actividad volcánica, mientras que la erosión modifica continuamente sus laderas y valles. Las montañas de una misma cordillera pueden compartir una historia geológica, aunque sus diferentes cumbres no tengan necesariamente la misma edad ni la misma forma. Los Andes, los Alpes y el Himalaya son ejemplos de grandes cordilleras, cada una con características geológicas propias. Las cordilleras ejercen una gran influencia sobre el entorno.

La altitud modifica la temperatura y las precipitaciones, y cuando una montaña obliga al aire húmedo a ascender, puede aumentar la lluvia en una vertiente y favorecer condiciones más secas en la zona protegida de los vientos. La nieve y los glaciares de las zonas altas alimentan numerosos ríos y contribuyen al abastecimiento de agua de regiones situadas lejos de las montañas. Estos relieves también reúnen distintos hábitats, desde bosques y pastizales en las zonas bajas hasta ambientes fríos y con poca vegetación a mayor altura.

Las personas aprovechan las regiones montañosas para la agricultura, la ganadería, la explotación forestal y el turismo. Sin embargo, el terreno escarpado puede dificultar el transporte y algunas actividades. Además, la erosión, la expansión de infraestructuras y el cambio climático pueden alterar estos ecosistemas y modificar la disponibilidad de nieve, hielo y agua.