Champiñón
✨ Ni planta ni animal
El champiñón que vemos es, en muchas especies, la estructura reproductora de un hongo. A diferencia de las plantas, los hongos no producen su propio alimento mediante la fotosíntesis, sino que obtienen nutrientes al descomponer materia orgánica o al vivir asociados con otros organismos. La parte que solemos llamar champiñón es generalmente el cuerpo fructífero, mientras que la mayor parte del hongo se encuentra en el suelo o en el sustrato formando una red de filamentos microscópicos llamada micelio.
En numerosas especies, el cuerpo fructífero tiene un sombrero y un pie. Debajo del sombrero puede haber láminas, poros u otras estructuras encargadas de producir y liberar esporas. Los hongos pueden crecer en bosques, praderas, jardines y muchos otros ambientes donde encuentren humedad y materia orgánica adecuada. Sus formas, colores y tamaños son muy diversos. Algunas especies se cultivan como alimento, entre ellas el champiñón común, la seta de ostra y el shiitake.
Aportan agua, fibra alimentaria, proteínas y distintos micronutrientes, aunque su composición depende de la especie y de las condiciones de cultivo. En la cocina pueden saltearse, asarse, hornearse o incorporarse a sopas, salsas y otros platos. Algunas preparaciones permiten consumir ciertas especies crudas, pero la cocción suele mejorar su textura y sabor.
Con las setas silvestres hay que extremar las precauciones: algunas especies venenosas se parecen mucho a otras comestibles, y cocinar una seta no garantiza que sus toxinas desaparezcan. Por ello, las setas silvestres solo deben consumirse cuando su identificación haya sido confirmada con seguridad por una persona cualificada.