Cebolla
✨ El campeón de los aromas (¡y las lágrimas!)
La cebolla (Allium cepa) es una hortaliza de bulbo de la familia de las amarilidáceas, como el ajo, el puerro y el cebollino. La parte que solemos comer es un bulbo, formado por un tallo subterráneo muy corto rodeado de bases de hojas carnosas que almacenan nutrientes. Sobre el suelo, la planta desarrolla hojas huecas y tubulares.
Si permanece en la tierra durante una segunda temporada, puede producir un tallo floral alto con una agrupación redondeada de pequeñas flores, que después dará lugar a semillas. La cebolla crece bien en suelos fértiles y bien drenados, con humedad suficiente durante su desarrollo. Según la variedad, los bulbos pueden ser blancos, amarillos, marrones, rojos o morados, y su sabor puede ir de suave y dulce a intenso y picante.
La cebolla ocupa un lugar habitual en la cocina porque aporta aroma y sabor a numerosos platos. Puede comerse cruda o cocinada, y prepararse en rodajas, picada, a la plancha, asada, frita o caramelizada lentamente. Al cortarla, las células dañadas liberan compuestos azufrados que reaccionan con enzimas y forman sustancias irritantes. Estas sustancias estimulan los ojos y provocan el lagrimeo.
La cebolla también aporta fibra, vitamina C, folatos y diversos compuestos vegetales, entre ellos flavonoides como la quercetina. Su composición nutricional depende de la variedad y de la forma de preparación. Si se almacenan correctamente en un lugar fresco, seco y bien ventilado, muchas cebollas maduras pueden conservarse durante varias semanas o incluso meses. Dentro de una alimentación variada, son una forma sencilla de incorporar alimentos vegetales y añadir sabor a las comidas.