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Rábano

✨ El pequeño campeón de la velocidad

El rábano (Raphanus sativus) es una hortaliza de raíz de la familia de las brasicáceas, como la col, el brócoli, el nabo y la mostaza. La parte que solemos comer es una raíz principal engrosada que se desarrolla principalmente bajo tierra. En la superficie, la planta forma una roseta de hojas y, si se deja crecer hasta la madurez, produce un tallo floral con pequeñas flores que después da lugar a frutos secos con semillas.

El rábano crece con rapidez y algunas variedades pueden cosecharse pocas semanas después de la siembra. Prefiere temperaturas frescas y suelos fértiles y bien drenados. Según la variedad, la raíz puede ser redonda, alargada o cónica, con una piel roja, rosada, blanca, morada o negra. Su sabor puede ir de suave a claramente picante.

Lo más habitual es comer el rábano crudo, cortado en rodajas o trozos para ensaladas, bocadillos y otros platos, donde aporta una textura crujiente y un toque fresco y picante. También puede cocinarse, asarse o incorporarse a sopas y guisos; el calor suele ablandarlo y reducir su sabor picante. El rábano contiene mucha agua y aporta fibra alimentaria, vitamina C, folatos y varios minerales.

Su sabor característico se debe en buena medida a unos compuestos azufrados llamados glucosinolatos, presentes también en muchas otras plantas de la familia de las brasicáceas. Las hojas son comestibles y pueden añadirse a ensaladas o cocinarse como otras verduras de hoja. Para conservar mejor su textura, los rábanos frescos deben mantenerse en un lugar frío y consumirse mientras estén firmes. Su rápido crecimiento y el poco espacio que necesitan hacen que sean una opción práctica para muchos huertos domésticos.