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Imperio Romano

✨ 27 a.C. – 476 d.C., Cuenca del Mediterráneo y Europa

El Imperio romano se desarrolló a partir de la República romana, que ya había extendido su dominio por buena parte del Mediterráneo. En 27 a. C., Octavio, conocido posteriormente como Augusto, se convirtió en el primer emperador romano después de varios años de guerras civiles. Bajo sus sucesores, el poder de Roma se extendió por amplias zonas de Europa, el norte de África y Oriente Medio. En su máxima extensión, durante el siglo II d.

C., el imperio rodeaba gran parte del Mediterráneo y abarcaba territorios desde Britania hasta Egipto y desde la península ibérica hasta el Próximo Oriente. Los ejércitos romanos defendían y ampliaban las fronteras, mientras una extensa red de caminos, puertos y ciudades conectaba las distintas provincias. El derecho, las instituciones y el latín dejaron una huella profunda, aunque el griego siguió teniendo gran importancia en las regiones orientales.

Dentro del imperio convivían numerosos pueblos, lenguas, costumbres y tradiciones religiosas. Las autoridades romanas solían permitir muchas prácticas locales, pero las relaciones entre el Estado y las diferentes comunidades cambiaron según la época. El cristianismo, que comenzó como una religión minoritaria, se expandió durante el período imperial y fue legalizado bajo Constantino a comienzos del siglo IV.

En 395, el imperio quedó dividido de forma duradera en administraciones orientales y occidentales, aunque ambas continuaron formando parte del mundo político romano. La parte occidental sufrió inestabilidad política, dificultades económicas, presiones militares y el asentamiento de diversos pueblos germánicos. En 476, el último emperador de Occidente fue depuesto, una fecha que tradicionalmente se utiliza para señalar el final del Imperio romano de Occidente. El Imperio romano de Oriente, conocido más tarde como Imperio bizantino, sobrevivió casi mil años más, hasta la caída de Constantinopla en 1453.