🏰

Imperio ruso

✨ 1721 – 1917, Eurasia

El Imperio ruso fue proclamado oficialmente en 1721, cuando Pedro el Grande adoptó el título de emperador después de la victoria rusa sobre Suecia en la Gran Guerra del Norte. Surgió del antiguo Zarato de Rusia y durante los dos siglos siguientes se expandió por Europa oriental, el norte y el centro de Asia, el Cáucaso y, durante un tiempo, parte de América del Norte. San Petersburgo fue su capital durante la mayor parte del período imperial, aunque Moscú siguió siendo un importante centro político y cultural.

La dinastía de los Románov gobernó el imperio y reforzó progresivamente el poder central sobre un territorio inmenso, habitado por numerosos pueblos con distintas lenguas, culturas y religiones. Durante el reinado de Catalina II, en el siglo XVIII, Rusia amplió aún más sus territorios hacia el mar Negro y Europa oriental. A finales del siglo XIX, se había convertido en uno de los Estados más extensos del mundo.

La expansión permitió a Rusia controlar importantes recursos y rutas comerciales, pero administrar un territorio tan grande era una tarea difícil. La sociedad presentaba profundas desigualdades y la servidumbre, que vinculaba a muchos campesinos con los propietarios de las tierras, no fue abolida hasta 1861. Durante el siglo XIX, la industrialización, el crecimiento urbano y la construcción de ferrocarriles transformaron poco a poco la economía, mientras aumentaba la oposición al poder autocrático.

Las enormes pérdidas sufridas durante la Primera Guerra Mundial agravaron los problemas económicos y sociales. En 1917, la Revolución de Febrero obligó al emperador Nicolás II a abdicar. Más tarde ese mismo año, una segunda revolución llevó a los bolcheviques al poder. La monarquía fue abolida y el Imperio ruso dejó de existir. Tras la guerra civil rusa, en 1922 se creó la Unión Soviética, dando comienzo a una nueva etapa política.