Compartir
✨ La felicidad que se multiplica
Compartir significa permitir que otra persona use, reciba o disfrute de algo que tenemos o estamos utilizando. Un niño puede compartir juguetes, materiales para dibujar, comida, espacio o un libro. Compartir no consiste necesariamente en entregar algo para siempre; según la situación, puede significar turnarse, utilizar un objeto juntos u ofrecer una parte de lo que se tiene mientras se conserva el resto.
Aprender a compartir lleva tiempo porque los niños pequeños todavía están desarrollando su comprensión de la propiedad, la espera y las necesidades de otras personas. Las emociones también influyen: puede resultar difícil prestar un objeto favorito o algo que consideran especialmente importante. Con experiencia y acompañamiento, los niños pueden aprender poco a poco a reconocer cuándo compartir es apropiado y a expresar al mismo tiempo lo que necesitan.
Compartir con otras personas favorece el desarrollo de las habilidades sociales y de comunicación. Cuando los niños esperan su turno, practican la paciencia, la atención y la capacidad de tener en cuenta los deseos de otra persona. Hablar sobre quién tiene el turno o acordar cuánto tiempo se utilizará un objeto puede hacer que la situación sea más clara y justa. Compartir también puede consistir en ofrecer ayuda, información o una idea, no solo un objeto.
Los adultos pueden fomentar estas conductas dando ejemplo, ayudando a los niños a utilizar palabras sencillas y reconociendo sus sentimientos sin obligarlos a entregar todo lo que tienen. No es necesario que un niño comparta todas sus pertenencias en cualquier momento. Aprender a equilibrar las propias necesidades con las de los demás forma parte del desarrollo de la cooperación, la empatía y unas relaciones basadas en el respeto.