Telégrafo
✨ 1837, Samuel Morse
El telégrafo eléctrico es un sistema de comunicación que permite enviar mensajes codificados a grandes distancias mediante señales eléctricas. Ya existían formas anteriores de telegrafía, pero el telégrafo eléctrico se volvió práctico durante el siglo XIX, cuando los ingenieros aprendieron a controlar la corriente eléctrica y a transmitirla por cables. En la década de 1830, el estadounidense Samuel Morse y sus colaboradores desarrollaron un sistema telegráfico práctico y un código en el que las letras y los números se representaban mediante combinaciones de puntos y rayas.
En 1844 se realizó una demostración exitosa de este sistema con el envío de un mensaje entre Washington y Baltimore. Después, las redes telegráficas se extendieron rápidamente por numerosos países y, más tarde, conectaron continentes mediante cables submarinos. Para transmitir un mensaje, el operador utilizaba una llave que abría y cerraba un circuito eléctrico. Los impulsos producidos viajaban por un cable hasta una estación situada a distancia, donde un aparato registraba o señalaba la sucesión de las señales.
El destinatario podía descifrarlas y convertirlas de nuevo en palabras. El telégrafo redujo enormemente el tiempo necesario para comunicar información a larga distancia, que antes dependía del transporte físico mediante personas, barcos u otros medios. Su uso fue especialmente importante para los periódicos, las empresas, los gobiernos, los ferrocarriles y los servicios financieros. Las redes telegráficas también facilitaron la coordinación del tráfico ferroviario y el envío de noticias urgentes.
Aunque el teléfono y, posteriormente, la radio, la televisión e Internet ofrecieron nuevas formas de comunicación, el telégrafo representó un cambio decisivo: la información podía recorrer grandes distancias mediante electricidad en cuestión de minutos, en lugar de tardar días o incluso semanas.