Telescopio
✨ 1608, Hans Lippershey
El telescopio es un instrumento que recoge y concentra la luz, o bien otras formas de radiación electromagnética, para facilitar la observación de objetos muy lejanos. Los primeros telescopios prácticos conocidos aparecieron en los Países Bajos alrededor de 1608, cuando fabricantes de gafas desarrollaron instrumentos basados en lentes. En 1609, Galileo Galilei conoció el invento y construyó sus propios telescopios, mejorándolos hasta conseguir observaciones detalladas del cielo.
Estudió montañas y cráteres de la Luna, las fases de Venus, cuatro grandes lunas que orbitan Júpiter y numerosas estrellas que no podían verse a simple vista. Estas observaciones cuestionaron la idea de que todos los cuerpos celestes giraban alrededor de la Tierra y contribuyeron al desarrollo del estudio científico del universo. Los telescopios pueden funcionar de distintas maneras.
Los telescopios refractores utilizan lentes para desviar y enfocar la luz, mientras que los reflectores emplean espejos. Los grandes observatorios modernos suelen utilizar espejos porque pueden recoger mucha más luz que las lentes pequeñas. Además, algunos telescopios detectan formas de radiación que nuestros ojos no pueden percibir, como las ondas de radio, la radiación infrarroja y los rayos X.
Los telescopios espaciales evitan gran parte de las interferencias producidas por la atmósfera terrestre y permiten realizar observaciones difíciles o imposibles desde la superficie. Al recoger señales muy débiles procedentes de regiones lejanas del espacio, estos instrumentos ayudan a estudiar planetas, estrellas, galaxias y la historia del universo. Por eso, un telescopio no se limita a hacer que los objetos parezcan más cercanos: permite obtener información sobre el cosmos.