Tomate
✨ La fruta roja que se cree verdura
El tomate (Solanum lycopersicum) es una planta de la familia de las solanáceas, en la que también se encuentran la patata, el pimiento y la berenjena. Se cultiva principalmente por su fruto comestible, aunque en la cocina se considera habitualmente una hortaliza. Desde el punto de vista botánico, el tomate es un fruto porque se desarrolla a partir del ovario de una flor y contiene semillas. En los climas templados suele cultivarse como planta anual, mientras que en condiciones cálidas puede vivir durante más tiempo.
Sus tallos ramificados a menudo necesitan algún tipo de soporte a medida que crecen. Las flores suelen ser autofértiles, por lo que una sola flor puede producir un fruto después de la polinización. Existen tomates de muchas formas, tamaños y colores, como rojo, amarillo, naranja, rosa, verde o morado. El sabor y la textura cambian bastante según la variedad, el grado de madurez y las condiciones de cultivo. El tomate puede comerse crudo en ensaladas, bocadillos y distintas preparaciones, pero también se puede cocinar, asar, secar o conservar.
Contiene mucha agua y aporta fibra alimentaria, vitamina C, potasio y folatos. Su color rojo se debe principalmente al licopeno, un pigmento carotenoide que se acumula durante la maduración de muchos tomates. El organismo suele absorber mejor el licopeno cuando el tomate se cocina junto con una fuente de grasa, aunque tanto crudo como cocinado puede formar parte de una alimentación variada. Las hojas y los tallos de la planta contienen glicoalcaloides y normalmente no se consumen.
Los tomates maduros son delicados y conviene manipularlos con cuidado. Para cultivarlo en casa, la planta necesita por lo general temperaturas cálidas, bastante luz solar, riegos regulares y un suelo fértil y bien drenado. Según la variedad y las condiciones de cultivo, la cosecha puede comenzar varias semanas después de que aparezcan los primeros frutos y prolongarse durante un periodo considerable.