Nabo
✨ La raíz blanca y morada
El nabo (Brassica rapa subsp. rapa) es una planta de la familia de las brasicáceas, a la que también pertenecen la col, el brócoli, el rábano y la mostaza. Se cultiva principalmente por el órgano de reserva engrosado que desarrolla bajo tierra. Aunque suele llamarse raíz, en realidad se forma a partir de la parte superior de la raíz y de la zona inferior del tallo. Según la variedad, puede ser redondo, achatado, ovalado o alargado, y presentar una piel blanca, crema, amarilla, verde o violácea. La pulpa suele ser blanca o amarillenta.
El nabo se adapta bien a las temperaturas frescas y puede soportar heladas ligeras, por lo que en las regiones templadas se cultiva con frecuencia en primavera o en otoño. Sus hojas crecen formando una roseta sobre el suelo y también pueden aprovecharse como alimento. Si la planta continúa su ciclo, produce pequeñas flores amarillas agrupadas y después frutos alargados que contienen las semillas. Al igual que otras brasicáceas, el nabo contiene compuestos naturales de azufre llamados glucosinolatos, responsables en parte de su sabor característico, ligeramente picante.
En la cocina, los nabos jóvenes pueden consumirse crudos, mientras que los ejemplares más desarrollados suelen cocinarse en sopas, guisos, purés o platos al horno. Las hojas también se pueden preparar como otras verduras de hoja y aportan vitaminas, minerales y fibra. La parte subterránea contiene mucha agua y proporciona fibra alimentaria, vitamina C y varias vitaminas del grupo B, con un contenido energético relativamente bajo. Al cocinarlo, su sabor suele volverse más suave, y los nabos jóvenes suelen tener una textura más tierna que los cosechados tarde.
Para cultivarlo, conviene contar con un clima fresco, buena iluminación y un suelo suelto y fértil que permita que el órgano engrosado crezca de manera uniforme. Un riego regular ayuda a mantener un crecimiento adecuado y evita que la parte comestible se vuelva excesivamente dura. Las semillas suelen sembrarse directamente en el suelo, y algunas variedades tempranas pueden estar listas para la cosecha pocas semanas después. Si se dejan demasiado tiempo en la tierra, los nabos pueden hacerse más grandes, fibrosos y de sabor más intenso.