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Nuez

✨ El cerebrito en su caja fuerte

La nuez es la semilla comestible de los árboles del género Juglans, en particular del nogal común (Juglans regia), cultivado ampliamente en regiones templadas. Aunque en el lenguaje cotidiano se llama «fruto seco», desde el punto de vista botánico la nuez no es una nuez verdadera: una cubierta verde rodea una cáscara dura, y dentro se encuentra la semilla que comemos. La parte comestible, llamada grano o almendra de la nuez, está formada por dos lóbulos separados por finas membranas y tiene una superficie característica, irregular y arrugada.

Es rica en grasas insaturadas, entre ellas el ácido alfa-linolénico (ALA), un ácido graso omega-3 de origen vegetal. También aporta proteínas, fibra alimentaria, cobre, manganeso y otros compuestos presentes de forma natural en las plantas. Su composición puede variar según la variedad, el clima, el cultivo y el procesamiento, por lo que no todas las nueces tienen exactamente el mismo valor nutricional. Las nueces se cultivan desde hace miles de años y tienen una historia especialmente vinculada con Asia Central y las regiones cercanas al mar Caspio.

Actualmente, Juglans regia se produce en numerosos países con climas adecuados, y otras especies de Juglans también se cultivan o se aprovechan de forma local. El nogal es un árbol caducifolio que puede alcanzar un gran tamaño y vivir durante mucho tiempo. Sus frutos se desarrollan durante la temporada de crecimiento; al madurar, la cubierta verde se oscurece y acaba abriéndose, dejando al descubierto la cáscara. Después de la cosecha, las nueces suelen secarse para reducir la humedad y facilitar su conservación.

El grano puede comerse solo o utilizarse en panes, repostería, ensaladas y muchos otros platos. Debido a su contenido elevado de grasa, puede adquirir un sabor rancio si se almacena mal. Guardarlo en un lugar fresco y seco, y preferiblemente en un recipiente hermético una vez pelado, ayuda a conservar su calidad.