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Calabacín

✨ El rey alargado del huerto de verano

El calabacín (Cucurbita pepo) es una forma cultivada de una planta de la familia de las cucurbitáceas, a la que también pertenecen las calabazas, los pepinos y los melones. Se cultiva por su fruto comestible, aunque en la cocina suele considerarse una hortaliza. Desde el punto de vista botánico, es un fruto porque se desarrolla a partir del ovario de una flor y contiene semillas.

Se recolecta cuando aún es joven, antes de completar su maduración, cuando la piel sigue siendo tierna y las semillas son pequeñas. La planta tiene hojas grandes y produce flores masculinas y femeninas por separado en el mismo ejemplar. Sus flores amarillas también son comestibles y se utilizan en algunas cocinas. Según la variedad, los frutos pueden ser alargados o redondos, de color verde, amarillo o con rayas.

Como otras cucurbitáceas, necesita temperaturas cálidas y es sensible a las heladas. El calabacín joven puede comerse crudo, a la plancha, al vapor o al horno, y también se añade a sopas y guisos. Contiene mucha agua y aporta fibra alimentaria, vitamina C, potasio y folatos, con un contenido energético relativamente bajo. Su piel tierna también se puede comer y suele dejarse al cocinarlo. Para cultivarlo, la planta necesita calor, luz solar, riegos regulares y un suelo fértil y bien drenado.

La formación del fruto requiere que las flores sean polinizadas, una tarea que suelen realizar las abejas y otros insectos. La recolección frecuente favorece la aparición de nuevos frutos. Si un calabacín permanece demasiado tiempo en la planta, puede alcanzar un tamaño considerable, con una pulpa más firme y semillas más desarrolladas. Estos frutos maduros todavía pueden utilizarse en la cocina, aunque su textura es diferente de la de los calabacines jóvenes que se cosechan habitualmente.